Mi hijo adolescente no quiere estudiar ni hacer nada: qué hay detrás y cómo ayudarle

Llega del instituto, se tumba en el sofá y de ahí no se mueve. Si tu hijo adolescente no quiere estudiar ni hacer nada, muchas veces no es pereza sin más. Te cuento qué suele haber detrás y cómo acompañarle sin convertir cada tarde en una discusión.

Mi hijo adolescente no quiere estudiar ni hacer nada: qué hay detrás y cómo ayudarle
Foto de Sixteen Miles Out en Unsplash
Si tu hijo habla de hacerse daño o de no querer vivir, llama al 024 (atención a la conducta suicida, gratuito y las 24 horas). Si crees que corre peligro ahora mismo, llama al 112.

Llega del instituto, deja la mochila en la entrada y se tumba en el sofá con el móvil. Le preguntas por los deberes y te contesta «luego». Le propones salir, apuntarse a algo, ayudar en casa: «paso». Si te has sorprendido pensando «mi hijo adolescente no quiere estudiar ni hacer nada», seguramente lo has pensado en la cocina, en voz baja, después de preguntar por tercera vez lo mismo. Antes de llamarlo pereza, merece la pena mirar qué hay debajo. Detrás de ese «no me apetece» puede haber algo que todavía no sabe explicar.

Puedes hacer bastante desde casa. No hace falta dar con la frase perfecta; basta con enterarte de qué se le atraganta y empezar por algo muy pequeño.

Por qué un adolescente no quiere estudiar ni hacer nada

La apatía adolescente a menudo tiene más de una causa a la vez. Estas son algunas de las más habituales.

Ha dejado de creer que le sirve esforzarse

Si lleva tiempo estudiando y suspendiendo, o aprobando por los pelos, el mensaje que se queda dentro es «haga lo que haga, sale mal». Y cuando algo sale mal siempre, lo más lógico es dejar de intentarlo. Muchas veces no lo vive como pereza, sino como un examen que ya sabe que va a suspender.

Le cuesta más de lo que parece

Hay chicos y chicas con dificultades que nadie ha detectado: problemas de atención, de comprensión lectora, de organización. A algunos les pasa que en primaria tiraban adelante, pero en la ESO el volumen sube y ya no les llega. Si no entiende lo que lee o no sabe por dónde empezar, sentarse a estudiar es un mal rato asegurado.

Está agotado (aunque no lo parezca)

A muchos adolescentes les pasa que duermen menos de lo que necesitan. Se acuestan tarde, madrugan para el instituto y van arrastrando cansancio toda la semana. Con sueño acumulado, cualquier tarea parece una montaña.

Las pantallas le dan lo que el estudio no le da

El móvil o la consola ofrecen una recompensa inmediata. Estudiar, en cambio, pide esfuerzo ahora para un resultado que llega dentro de semanas. A cualquier persona le costaría elegir. Eso sí, no todas las pantallas pesan igual: no es lo mismo una hora de videojuego con amigos que tres de vídeos cortos sin parar.

Algo le preocupa por dentro

Un conflicto con amigos, una ruptura, problemas en casa, inseguridad con su cuerpo. A veces la falta de ganas es la parte visible de un malestar emocional que no cuenta. Más abajo te explico cómo distinguirlo.

Lo que suele empeorar las cosas

A ver, es normal perder la paciencia. Pero hay reacciones que, aunque nacen de la preocupación, suelen alejar más al adolescente:

  • El sermón largo sobre el futuro («así no vas a llegar a nada»). Lo escucha como una sentencia, no como un empujón.
  • Comparar con hermanos, primos o con lo que tú hacías a su edad.
  • Quitarle todo de golpe (móvil, salidas, deporte) sin un plan para después. Se queda sin nada que le motive y con más rabia.
  • Hacerle los deberes o estar encima cada minuto. Resuelve la tarde, pero le confirma que solo no puede.

Qué puedes hacer en casa si tu hijo adolescente no quiere estudiar

Lo que recomiendo a las familias es ir por partes. No hace falta cambiarlo todo esta semana.

  1. Busca una conversación que no sea un interrogatorio. En el coche, paseando al perro, cocinando juntos. A muchos adolescentes les resulta más fácil hablar de lado que de frente. Prueba con algo como «te veo cansado últimamente, ¿cómo vas?» y, sobre todo, escucha sin corregir. Si hoy no sale nada, no pasa nada: queda la puerta abierta.
  2. Pregúntale qué le cuesta, no por qué no estudia. «¿Qué asignatura se te está atragantando?» abre mucho más que «¿por qué no haces nada?».
  3. Empieza por un paso ridículamente pequeño. Veinte minutos de estudio después de merendar, con el móvil en otra habitación. Solo eso. Cuando lo consiga varios días seguidos, se amplía. El objetivo inicial es que vuelva a sentir que puede.
  4. Revisad juntos el sueño y las pantallas. Mejor un acuerdo negociado (a qué hora se carga el móvil fuera del cuarto, por ejemplo) que una norma impuesta en mitad de una discusión.
  5. Que no todo gire alrededor de las notas. Moverse, quedar con amigos, una afición, cocinar, ayudar a un vecino. Recuperar las ganas en algo, aunque no sea el instituto, puede ayudar a que poco a poco se mueva también en lo demás.
  6. Habla con su tutor o tutora. Te dará otra mirada: cómo está en clase, con quién se relaciona, si ha cambiado algo. Y le llega un mensaje claro de que familia y escuela van en la misma dirección.

Fíjate en lo que sí ha hecho, aunque sea poco. Si le has visto media hora peleándose con las mates aunque no le salían, díselo tal cual: «te he visto darle vueltas un buen rato». Ahora mismo eso le sirve mucho más que cualquier comentario sobre el cinco del último examen.

¿Es desmotivación o algo más? Cuándo pedir ayuda

La apatía de una temporada entra dentro de lo esperable en la adolescencia. Lo que conviene mirar con más atención es si viene acompañada de otras señales y si lleva así más de dos o tres semanas (tómalo como una referencia orientativa, no como un criterio para diagnosticar nada):

  • Tristeza o irritabilidad casi constantes.
  • Ha dejado también lo que antes le gustaba (no solo los estudios).
  • Se aísla de sus amigos o pasa casi todo el tiempo encerrado en su habitación.
  • Cambios claros en el sueño o en la comida.

Si reconoces varias de estas señales, no esperes a que se le pase. Una consulta de psicología para adolescentes puede ayudar a entender qué le ocurre y a darle herramientas, con calma y a su ritmo.

Hay frases que no conviene dejar pasar aunque no veas nada más: «nada tiene sentido», «me da igual todo» o cualquier comentario sobre hacerse daño o no querer vivir. Pregúntale con calma y sin juzgar cómo se siente, pide ayuda profesional y no lo dejes para otro día. Si habla de hacerse daño o de no querer vivir, llama al 024 y, si crees que corre peligro ahora mismo, al 112.

Si, en cambio, lo ves bien en lo personal pero el bloqueo es claramente con los estudios, el camino es otro: averiguar dónde se atasca y cómo aprende mejor. Si dudas, empieza por el pediatra o el psicólogo si ves señales emocionales, y por el tutor si el problema parece solo académico.

Cómo le acompañamos desde SAPS Formació

En el refuerzo escolar de SAPS Formació solemos empezar por escuchar al chico o la chica y ver qué hay detrás de ese «no quiero». En la orientación pedagógica para adolescentes se revisa cómo estudia, cómo se organiza y si hay alguna dificultad que convenga valorar. Y si necesita recuperar base en alguna asignatura, las clases particulares individuales pueden darle un espacio a su ritmo donde intentamos que equivocarse no le dé vergüenza.

No te puedo prometer que en un mes tenga ganas de estudiar. Intentamos que vuelva a notar que avanza y te acompañamos para que las tardes en casa sean más llevaderas.

Preguntas frecuentes

¿Le castigo sin móvil hasta que apruebe?

Un castigo largo y sin salida suele generar más rechazo que estudio. Funciona mejor un acuerdo concreto (móvil fuera del cuarto mientras estudia y por la noche) y reconocer cada pequeño avance.

¿Es normal que a los 14 o 15 años pase de todo?

Es habitual que en la adolescencia cambien los intereses y bajen las ganas por temporadas. Preocupa más si lleva así más de dos o tres semanas, si también ha dejado amigos y aficiones o si le notas triste o muy irritable.

¿Psicólogo o refuerzo escolar? ¿Por dónde empiezo?

Si el malestar se nota en casi todo (ánimo, amigos, sueño), empieza por el psicólogo. Si está bien en lo personal y el bloqueo es con los estudios, la orientación pedagógica es un buen primer paso. Si dudas, empieza por el pediatra o el psicólogo si ves señales emocionales, y por el tutor si el problema parece solo académico. Y si quieres, escríbenos y lo pensamos juntos.

Qué hacer esta tarde y dónde pedir ayuda

Esta tarde, en lugar de preguntarle por los deberes, prueba a sentarte un rato a su lado sin pedirle nada. A veces la conversación empieza ahí. Si quieres, escríbenos y vemos juntos por dónde empezar con tu hijo.

Si en algún momento te preocupa su seguridad, tienes estos recursos: el 024 (atención a la conducta suicida, gratuito y las 24 horas), el 112 en caso de emergencia, la Fundación ANAR (900 20 20 10) para niños, adolescentes y familias, y el Teléfono de la Esperanza (717 003 717).