Día Mundial de la Salud Mental: 7 hábitos para cuidarla en familia (y cuándo pedir ayuda)
Hoy, 10 de octubre, es el Día Mundial de la Salud Mental. Te propongo hábitos sencillos para cuidar el bienestar emocional de toda la familia y te explico cómo saber cuándo conviene pedir ayuda.
Hoy, 10 de octubre, es el Día Mundial de la Salud Mental. Como psicóloga, me gusta aprovechar este día para invitar a las familias a hacerse una pregunta que solemos dejar para más adelante: ¿cómo estamos de verdad en casa? No solo si comemos bien o si los niños van al pediatra, sino cómo nos sentimos, cómo dormimos y cómo nos hablamos.
Como recuerda Infocop, la revista del Consejo General de la Psicología, esta jornada la impulsa la Federación Mundial para la Salud Mental desde 1992. Más de tres décadas después, sigue siendo necesaria: hablar de salud mental con naturalidad todavía cuesta.
En este artículo te propongo hábitos sencillos para cuidarla en familia, las señales que conviene observar y cuándo tiene sentido pedir ayuda profesional.
Qué es la salud mental (y qué no es)
Tener buena salud mental no significa estar siempre contento. Significa poder sentir emociones, también las difíciles, y tener recursos para gestionarlas. Significa poder estudiar o trabajar, relacionarse con los demás y recuperarse cuando las cosas se tuercen.
La salud mental funciona como la física: tiene días mejores y peores. Un niño puede estar triste porque se ha peleado con un amigo, o un adolescente puede estar nervioso antes de un examen. Eso es parte de la vida, no un problema en sí mismo.
Lo que conviene vigilar es cuando el malestar dura semanas, va a más o empieza a impedir hacer cosas que antes se hacían sin problema.
Por qué el Día Mundial de la Salud Mental también va de familias
Los niños aprenden a gestionar sus emociones sobre todo observando a los adultos que tienen cerca. Cómo reaccionamos ante un imprevisto, cómo hablamos cuando estamos cansados o cómo pedimos ayuda les enseña más que cualquier charla.
No te lo cuento para que te sientas culpable. En consulta lo repito a menudo: nadie es una madre o un padre perfecto, y los niños tampoco lo necesitan. Necesitan adultos suficientemente disponibles, que se equivocan, piden perdón y vuelven a intentarlo.
Por eso cuidar la salud mental en familia no es un proyecto enorme. Es una suma de pequeños gestos diarios.
7 hábitos para cuidar la salud mental en familia
- Proteger el sueño. Dormir poco afecta al humor, a la paciencia y a la concentración, en niños y en adultos. Intenta mantener horarios parecidos entre semana y deja las pantallas fuera del dormitorio al menos un rato antes de dormir.
- Ponerle nombre a lo que sentimos. Frases como «parece que estás frustrado porque no te sale el ejercicio» ayudan a tu hijo a entender lo que le pasa. Y tú también puedes hacerlo: «hoy estoy cansada y me cuesta tener paciencia».
- Escuchar sin arreglarlo todo enseguida. Cuando un hijo cuenta algo que le preocupa, a veces solo necesita sentirse escuchado. Antes de dar consejos, prueba con un «¿y cómo te sentiste?» o un «cuéntame más».
- Reservar un rato de calidad. No hace falta mucho: diez o quince minutos al día sin móviles, haciendo algo que le guste a tu hijo. Cocinar juntos, jugar a algo o charlar en el coche cuentan.
- Moverse y salir al aire libre. Caminar, ir en bici o jugar en el parque ayuda a descargar tensión. No tiene que ser deporte reglado: lo importante es que forme parte de la rutina.
- Tener expectativas realistas con los estudios. La presión por las notas es una fuente frecuente de malestar. Valora el esfuerzo y no solo el resultado, y si los estudios se han convertido en una batalla diaria, puede ayudar un apoyo externo como el refuerzo escolar de SAPS Formació.
- Cuidarte tú también. Un adulto agotado tiene menos margen para acompañar. Buscar momentos para ti, hablar con alguien de confianza o pedir ayuda cuando la necesitas no es egoísmo: es parte de cuidar a tu familia.
Señales que conviene observar
Cada niño y cada adolescente es distinto, y un mal día no dice mucho. Pero si notas varios de estos cambios durante semanas, merece la pena prestarles atención:
- Duerme mucho más o mucho menos que antes, o come de forma muy distinta.
- Se aísla de sus amigos o deja de hacer cosas que antes le gustaban.
- Está irritable, llora con facilidad o tiene explosiones de rabia frecuentes.
- Se queja a menudo de dolor de barriga o de cabeza sin una causa médica clara.
- Sus notas bajan de forma marcada o no quiere ir al colegio o al instituto.
- Habla mal de sí mismo de forma repetida («no sirvo para nada», «todo me sale mal»).
- Comenta que preferiría desaparecer o hacerse daño.
Esta última señal es distinta de las demás: no hay que esperar. Si tu hijo habla de hacerse daño o de no querer vivir, llama al 024 (atención a la conducta suicida) o, si hay riesgo inmediato, al 112.
Cuándo pedir ayuda psicológica
Muchas familias llegan a mi consulta con una mezcla de preocupación y culpa. Por eso quiero dejarlo claro: pedir ayuda no significa que hayas fallado. Significa que has visto que algo no va bien y quieres darle a tu hijo, o a ti, herramientas para afrontarlo.
Tiene sentido consultar con un profesional cuando:
- El malestar dura varias semanas y no mejora con lo que ya habéis probado.
- Afecta a su día a día: el colegio, las amistades, el sueño o la convivencia en casa.
- Tienes la sensación de que la situación te supera o no sabes cómo ayudar.
- Ha pasado algo difícil, como una separación, un duelo o un cambio de colegio, y le está costando adaptarse.
Un buen primer paso es hablarlo con el pediatra o el médico de familia, y también con el tutor, que ve a tu hijo en otro contexto. Si después buscáis apoyo psicológico, a veces hay que esperar un tiempo. Mientras tanto, también se pueden hacer cosas en casa:
- Mantén las rutinas básicas (sueño, comidas, horarios), que dan seguridad cuando todo lo demás se tambalea.
- Busca un momento tranquilo cada día para estar disponible, aunque tu hijo no quiera hablar.
- Apunta los cambios que observas y cuándo aparecen: será muy útil en la primera visita.
- Coordínate con el colegio para que sepan que está pasando una época difícil.
Cómo hablar de salud mental con tus hijos
Hablar de emociones con naturalidad hace que, el día que algo vaya mal, a tu hijo le resulte más fácil contártelo. Te dejo algunas ideas según la edad:
Con niños pequeños
Usa ejemplos sencillos: «igual que a veces nos duele la barriga, a veces nos duele por dentro cuando estamos tristes». Los cuentos y los dibujos son grandes aliados para hablar de miedos o enfados.
Con adolescentes
Suelen abrirse más en conversaciones informales que en charlas cara a cara. El coche, un paseo o mientras cocináis son buenos momentos. Evita los interrogatorios y respeta sus silencios, pero deja claro que estás ahí: «si algún día necesitas hablar, aquí me tienes, sin sermones».
Y no olvides que tú también puedes compartir, a tu manera, cómo gestionas tus propios días difíciles. Normalizar pedir ayuda empieza por verlo en casa.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se celebra el Día Mundial de la Salud Mental?
Cada 10 de octubre. Es una jornada para sensibilizar sobre la importancia de la salud mental y reducir el estigma que todavía rodea a pedir ayuda psicológica.
¿Es normal que mi hijo esté triste o irritable a veces?
Sí. Las emociones difíciles forman parte del crecimiento. Lo que conviene vigilar es que duren semanas, vayan a más o interfieran en su vida diaria: colegio, amigos, sueño o convivencia.
¿Tengo que contarle a mi hijo que va a ir al psicólogo?
Sí, con palabras adaptadas a su edad y sin dramatizar. Puedes explicarle que es alguien que ayuda a entender lo que sentimos y a encontrar maneras de estar mejor, igual que el pediatra ayuda con el cuerpo.
Si este Día Mundial de la Salud Mental te ha hecho pensar en tu familia o en ti, recuerda que no tienes que resolverlo todo solo. En Reset by Natalia Julián acompaño a niños, adolescentes y adultos con calma y a su ritmo. Puedes escribirme para resolver dudas o reservar una primera visita cuando lo sientas oportuno. Y si quieres seguir leyendo, en el blog encontrarás más pautas para el día a día.